Cada cierre de ejercicio, el administrador de una sociedad limitada se enfrenta a la misma decisión: cobrar por nómina, repartir dividendos o combinar ambas fórmulas. La respuesta no es solo fiscal. Afecta a tu cotización, a tu futura pensión, a tu capacidad de pedir una hipoteca y a la tesorería de la empresa. Vamos por partes.
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Dos vías, dos tributaciones
La nómina retribuye tu trabajo y es gasto deducible en el Impuesto de Sociedades, lo que reduce la base imponible de la empresa. A cambio, la sociedad cotiza alrededor del 30,57 % a la Seguridad Social y el trabajador un 6,48 %, sobre una base máxima anual de 58.914 €. El resto tributa en la base general del IRPF, con una escala progresiva que va del 19 % al 47 % según el tramo y la comunidad autónoma.
El dividendo retribuye tu condición de socio. Se reparte sobre el beneficio ya gravado por el Impuesto de Sociedades al 25 %, y después tributa en la base del ahorro del IRPF: 19 % hasta 6.000 €, 21 % hasta 50.000 €, 23 % hasta 200.000 €, 27 % hasta 300.000 € y 28 % a partir de ahí. No genera cotizaciones ni derechos.
Un ejemplo con cifras
Un administrador quiere percibir 50.000 € brutos al año. Por nómina, la sociedad desembolsa unos 65.285 € con la cuota patronal incluida. Tras 3.240 € de Seguridad Social del trabajador y alrededor de 10.700 € de IRPF, el administrador percibe cerca de 36.000 € netos. Por dividendos, repartir 50.000 € exige un beneficio previo de 66.667 €, de los que 16.667 € se van en Impuesto de Sociedades; el socio paga después unos 10.380 € en la base del ahorro y se queda con unos 39.600 €.
El dividendo deja más neto, pero el coste conjunto es parecido y desaparecen las coberturas sociales asociadas a la nómina.
La cuota de autónomo societario existe en ambos casos
Es el punto que más se olvida. El administrador con control efectivo de la sociedad debe estar dado de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos, cobre nómina o no. Esa cuota mensual es un coste fijo que no desaparece por repartir dividendos en lugar de sueldo, y conviene sumarla a cualquier comparación realista. Desde la entrada en vigor del sistema de cotización por ingresos reales, además, la base elegida influye directamente en tu futura pensión.